domingo, 13 de junio de 2010

Hombre Araña o Chapulín Colorado

El día que Carlos Castresana renunció del cargo en la Cicig, muchos guatemaltecos nos sentimos desvalidos. Fue como el día que el Hombre Araña decidió ya no luchar por los indefensos. Lo que mostró fue que es casi imposibe terminar con las estructuras paralelas en este país si no se involucra toda la población. Pero por otro lado, pareciera que somos incapaces de hacer un esfuerzo conjunto: las opciones son pocas. Vámonos a la historia para tratar de comprender cómo logró calar todo el poder paralelo las opiniones en contra de quienes ponen en evidencia nuestras debilidades. En ese sentido, los medios desempeñan un papel crucial. Si somos corrompibles es porque la pobreza imperante y los intereses personales nos hace corrompibles. El Hombre Araña a lo mejor se va a Nueva York, a lo mejor instala en otro lugar una oficina para tener mayor poder de acción y abarcar desde Colombia a México, para lograr que la mafia no transite por Centro América. Al final,ni el Hombre Araña tendría ese poder de acción para terminar con las causas que permean el sistema y logran que no funcione ni aun teniendo una buena Constitución. ¿qué quiso decir Castresana con "no puedo hacer más por Guatemala?" quizás evitó con esto ser devorado por el inmenso hoyo negro que representa este país. La enseñanza de todo es ésta, si creemos que no podemos hacer algo, es imposible que podamos construir dentro del territorio un Hombre Araña propio, o para ser mas humilde, al menos un Chapulín Colorado a quien puedan seguir todos los buenos, pero antes definamos si queremos un líder, un caudillo o un héroe.

1 comentario:

El Extranjero dijo...

Hay algo que se podría llamar "malicia" si cuento que me dio como un gusto a primer trago de cerveza -dulce, suave, amargo-cuando supe lo de Castresana; de decir un "yo se los dije!". Personalmente no creí -aún sigo sin creer- que la CICIG pueda hacer algo, un cambio realmente importante, ya que se construye sobre arena. Y claro que de sobra que es necesario actuar pero a la vez la CICIG riñe con la idea de hacer patria. Las patrias se parecen a los recuerdos; no se pueden comprar ya hechos, hay que hacerlos. No se puede hacer patria, cuando son otros quienes la hacen. Las instituciones, ya sean estatales, ONGs o internacionales, poco podrán hacer si nacionalmente -y esto lo digo a nivel de persona- no hacemos nada; si seguimos con esa indiferencia política, con esa inconsciencia ambiental, con esa inconsecuencia ideològica. Yo apoyo la idea del chapulín nacional aunque apoyo más la idea depechemodeana de "tener un Jesus Personal"...